La idea era plantar árboles a lo largo de más de 8000 kilómetros para construir una gran muralla verde (Great Green Wall) de una costa a la otra del continente africano, atravesando 11 países en los márgenes del Desierto del Sahara. La distancia es la misma que separa Río de Janeiro de Nueva York. Pero el deseo de construir un mega bosque para ayudar a recuperar el suelo y restaurar la vegetación nativa de una región que sufre de desertificación tomó otras direcciones desde que salió del papel en 2007: el proyecto dejó de ser solamente ambiental y se convirtió en social.

En lugar de reforestar y dejar las plantaciones a su suerte, bajo riesgo de perder toda la inversión, líderes y expertos de 20 países que apoyan la causa se dieron cuenta de que sería mejor involucrar a la población rural y aprender de su sabiduría. “Uno de los principales triunfos que la Muralla Verde tiene hoy es el desarrollo de las habilidades y capacidades de las comunidades locales para que sean agentes de cambio”, dijo Nora Berrahmouni a Believe.Earth, directora de Action Against Desertification (Acción Contra la Desertificación), de la FAO, la agencia de alimentación y agricultura de las Naciones Unidas. “Las comunidades deciden qué árboles o arbustos van a plantar o proteger y qué iniciativas se pondrán en práctica”. El objetivo es lograr que los residentes planten en sus tierras, generen ingresos y mantengan a los niños en la escuela, sin verse obligados a migrar a zonas urbanas u otros países.

Una mujer negra, usando un vestido de color de rosado estampado colorido (azul y amarillo), cubierto por un pañuelo verde con estampado azul atado alrededor de su cintura y con un turbante rojo en la cabeza, está agachada, hacia el lado izquierdo de la imagen, sosteniendo una plántula en el suelo. El terreno es de arena y detrás de ella se ven las piernas y partes del cuerpo de tres mujeres que trabajan también plantando en estas tierras.

Las acciones de la Muralla Verde procuran empoderar a los residentes de los pueblos, especialmente a las mujeres (Difusión/UNCCD)

Una de las técnicas valoradas en el programa, utilizada en Burkina Faso, es zai, donde los campesinos cavan un agujero de 15 cm para poner abono, compostaje y semillas. Esta mezcla en el subsuelo, combinada con barreras de piedra, retiene el agua de lluvia y actúa como una reserva de humedad cuando llega la sequía. El país también ha invertido en la siembra de karité, cuyas castañas son la base para la fabricación de la manteca utilizada en cosméticos. Senegal optó por reintroducir animales en su fauna y así acelerar el turismo.

En Níger, lo que está sucediendo es el método de regeneración natural asistida que incluye la poda de ramas extras de arbustos para que las plantas tengan fuerza para crecer y producir frutos y forraje para el ganado además de ayudar a fertilizar la tierra. La comunidad también optó por plantar acacias, árboles que pierden sus hojas en la temporada de lluvias, fertilizando el suelo para la próxima estación, y generan ingresos, ya que de estas se extrae la goma arábiga.”Planta en medio de los árboles era una costumbre de muchos pueblos de Sahel [región de transición entre el Sahara y las tierras fértiles del sur], pero se quedó atrás, cuando colonizadores franceses convencieron a los lugareños de que la tierra debía ser limpiada antes de las plantaciones y que las huertas y los árboles deberían estar separados”, dice el consultor ambiental Arouna Campaoré, residente de Tera, Níger. “Pero, sin la protección de los árboles, el suelo se seca y se convierte en improductivo”.

La imagen muestra, en plano abierto, un cantero de huertas, con diferentes tonos de verde y la presencia de algunos árboles con una copa llena de hojas. El terreno es un poco arenoso, pero en su mayoría está cubierto por estas "mantas verdes" de los cultivos.

Suelo recuperado en Níger: se puede plantar y generar ingresos, reduciendo la miseria y la migración de la población hacia las ciudades y otros países (Giulio Napolitano/FAO)

EL VALOR DE LA DIVERSIDAD
La gran muralla se ha convertido en un enorme mosaico de áreas verdes que aportan riquezas ambientales. Ahora son 15 millones hectáreas de tierra degradada en Etiopía, 11,4 millones de árboles plantados en Senegal y 20.000 puestos de trabajo creados en Nigeria. Hasta 2030, los objetivos de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés) son restaurar 10 millones de hectáreas de tierras degradadas por año y crear 350.000 puestos de trabajo en las zonas rurales.

La gama de acciones va desde de micro créditos y capacitación a los lugareños en técnicas sostenibles hasta inversiones en maquinaria para la agricultura. Divulgada en reuniones que se realizan en pueblos, estas iniciativas tienden a ser fácilmente replicable en otras comunidades.

Recientemente, la llegada de un tractor para ayudar y preparar el suelo cambió la rutina de las mujeres de Burkina Faso y Níger. “Antes, ellas hacían este trabajo manualmente bajo un calor de hasta 45 grados [Celsius]”, dice Nora Berrahmouni, de la FAO. “Ahora, se pueden dedicar a las tareas con menor exigencia física, lo que ayuda en su salud”. Las mujeres también reciben apoyo para el desarrollo agroforestal y el cultivo de alimentos para el consumo doméstico. “Me impresionó ver que los resultados comenzasen a aparecer ya en el primer año”, afirma Arouna. Y lo que más me toca es saber que el 80% de los beneficiarios son mujeres, quienes ahora tienen una fuente de ingresos en actividades como la venta de semillas.

Decenas de organizaciones forman la base de financiamiento de los 8000 millones de dólares ya movilizados para pagar los programas de la Gran Muralla Verde, como el Banco Mundial, la Comisión Europea y la FAO. También están involucradas otras agencias de la ONU como la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Medio Ambiente (PNUMA).

El apoyo del sector privado está creciendo, con alianzas que permiten la venta de productos como la goma arábiga. “Tenemos que aumentar las inversiones y esfuerzos, porque mucho tiempo ya se ha perdido con la burocracia y, ahora, necesitamos ampliar el proyecto realmente”, dice Nora. “Con las dificultades ocasionadas por el cambio climático, la pobreza y los conflictos armados, nosotros no podemos desacelerar – es una carrera contra el tiempo”.

Otro desafío es el crecimiento de la población. Hoy en día, Sahel tiene 135 millones de habitantes. En el año 2050, serán más 300 millones. “Si podemos trabajar con la naturaleza incluso en lugares difíciles como Sahel, podemos superar cualquier adversidad y construir un mundo mejor”, dice Nora.