“Pero, ¿ustedes qué están tratando de hacer?” Agustina Comas ya perdió la cuenta de cuántas veces escuchó esa pregunta desde que decidió a producir ropa a través de la técnica de upcycling, proceso que recupera, transforma y recoloca en el mercado productos descartados. “Cada día las fábricas rechazan piezas que no pasan los controles de calidad. Para nosotros, esa sobra es materia prima”, dice la diseñadora de 36 años, creadora de la marca que lleva su apellido.

El elemento principal de la marca, instalada en un galpón en el barrio de Butantã, en la zona oeste de São Paulo, son las camisas masculinas, que se convierten en vestidos, faldas y blusas femeninas para las mujeres, bajo la atenta mirada de la profesionales. “Nuestro trabajo comienza con la selección de piezas descartadas. Identificamos las mejores telas y elegimos aquellas que, desde nuestro concepto de diseño, son las más ricas”, completa Agus, graduada en diseño textil y moda en la Escuela Universitaria Centro de Diseño de Montevideo. Desde que Comas fue creada en julio de 2015, el trabajo evitó que 3000 metros de telas fueran tirados a la basura.

La misma mujer de la foto de portada, de piel blanca, pelo liso castaño oscuro, recogido en un moño, lleva botines rojos, camiseta negra de manga larga y pantalón negro bajo una chaqueta larga sin mangas jean claro abierta. Está de pie en el centro de la foto, girada hacia la izquierda, y toca una prenda de ropa que está colgada junto a muchas otras en un perchero largo de metal, anaranjado con ruedas. En el lado derecho de la foto hay más prendas de ropa colgadas en otro perchero, blanco. Al fondo, ropa doblada en una estantería blanca y gente trabajando alrededor de una mesa de madera natural. Todo ello en una sala grande, de paredes blancas y suelo de baldosas en tonos grises y amarillo claro.

Agustina en el galpón de Comas, donde son producidas las prendas de la marca, en el barrio Butantã, en São Paulo (Zé Gabriel​​/​ ​Believe.Earth)

SUDOR, TRABAJO Y OSADÍA
La moda brasilera ya estaba en el radar de Agustina desde principios del año 2000, cuando recibía de su padre, dueño de una empresa de transporte, ediciones de revistas especializadas en el tema. Durante el último año de facultad, consiguió una credencial de periodista de El Pais de Uruguay y se fue a São Paulo Fashion Week como corresponsal internacional. Estuvo en todos los desfiles y fiestas que pudo, munida “de una cámara snapshot y mucha osadía”.

Esas dos semanas de intensa programación fueron suficientes para que cambiase las ganas de vivir en Europa por un nuevo hogar en la capital paulista: “Era en São Paulo que las cosas estaban sucediendo”. Aterrizó en la ciudad a principios de 2004, ya graduada, y decidió buscar una pasantía. “No conocía a nadie; era otro idioma, otro país. Pero pensé: voy a jugármela. Y salí con una mochila distribuyendo currículums”. Es ahí donde conoció a Jum Nakao y tuvo la oportunidad de trabajar como pasante de estilo en el equipo del diseñador, en la colección icónica A Costura do Invisível (La Costura de lo Invisible), presentada en el SPFW en junio de ese mismo año. Hubo más de 700 horas para dar forma a las elaboradas prendas de papel desfiladas por modelos con pelucas de Playmobil. Al final, todos los vestidos fueron destruidos en escena. “Lloré allí atrás en el backstage”, recuerda Agus.

La performance fue reconocida por el Museo de la Moda de Francia como uno de los desfiles más grandes del siglo. “Con Jum, tuve una educación de trabajo para el mercado. Hubo un choque de mi formación con su bagaje, que resultó siendo bueno”. Más tarde, Nakao fue invitado a ser el director creativo de la marca que llevaba el mismo nombre del tenista Guga Kuerten. “Él me pidió que hiciera la línea masculina, algo que siempre había disfrutado. Armamos un equipo y empezamos a desarrollar la marca”. Era un proyecto audaz. Todos se mudaron a Florianópolis y pasaron un año viviendo en la capital de Santa Catarina. Pero el negocio fracasó y la empresa cerró seis meses después.

La foto muestra una pared blanca con dos baldas, de frente a la cámara, llenas de libros. Debajo de la balda inferior hay un perchero de metal plateado con ropa colgada en perchas.

Detalle de la colección de la marca en el atelier de Comas, en São Paulo, con biblioteca y pieza piloto (Zé Gabriel​​/​ ​Believe.Earth)

UNA FORMA DE PENSAR DIFERENTE
La diseñadora perfeccionó su método de creación a lo largo de los años mientras trabajaba para marcas de Brasil y Uruguay. En 2008, aprendió a “pensar con el cuerpo” en el proyecto In-Use, con la uruguaya Ana Inés Piriz. “Empezamos a hacer la ropa con la propia ropa: usábamos la misma pieza de varias maneras, creábamos un repertorio de ideas y sacábamos fotos de todo. Era una forma de deconstruir el proceso para lograr un resultado al cual no llegaríamos diseñando”, dice. La idea de esta experimentación, explica, es “dejar al cerebro pensando”.

Hoy en día, la diseñadora enseña el mismo método adoptado en su marca Comas, en los workshops que dicta. Demuestra que, a partir de una única forma, que es la camisa masculina, se puede desarrollar una infinidad de piezas como la falda universal, con un sistema de ajuste en la cintura, que hace que se pueda vestir en varios tipos de cuerpo.

La idea de trabajar con residuos de fábricas textiles vino de una percepción sobre el proceso de producción. “Me quedé paralizada cuando comencé a pensar acerca de todos los residuos generados y el daño que podría causar”, dice. “Tenías ganas de hacer algo para cambiar eso, pero no estaba conectada con las personas, no era experimentada, me sentía atada. Fue entonces cuando me decidí a entrar en la industria”. Las cifras publicadas por la Asociación Brasilera de la Industria Textil y de Confección (ABIT) ayudan a fortalecer la teoría de la diseñadora de que hay una necesidad inmediata de encontrar soluciones. Sólo en las regiones de Bras y Bom Retiro en São Paulo, la estimación es que 20 toneladas de residuos textiles son descartados por día. En Brasil, el sector de la vestimenta alcanzó en el año 2017 el nivel de un nivel de 5.500 millones de piezas producidas. Alrededor del 5% de este total es despreciado.

Las manos de una persona de piel blanca trabajan una prenda de ropa jean oscuro con la ayuda de una herramienta puntiaguda de metal con mango de plástico amarillo y transparente, que tiene tamaño parecido al de sus dedos. El fondo de la foto es el abdomen de esa persona, que lleva sudadera negra con algunas letras en blanco a la altura del pecho.

Cada pieza de Comas es hecha a partir de dos camisas masculinas desarmadas (Zé Gabriel​​/​ ​Believe.Earth)

“Entendí el término upcycling tan sólo en 2010, cuando estaba de vacaciones en Londres y vi un escaparate de una tienda ‘ropa de hecha de ropa'”, dice. De una investigación más a fondo, conoció otras marcas con propuestas similares en Inglaterra, Austria y Río de Janeiro. “Me doy cuenta de que es un problema real que, si es bien gestionado, puede redundar en dinero y recursos para un montón de gente. Se convierte en una relación simbiótica en la que la pequeña industria establece un vínculo con la grande y beneficia a todo el mundo”.

Preparar cada prenda de Comas a su modo no cuesta más barato que la fabricación de modelos en serie, porque la cantidad de unidades es mucho menor. “Es otro modelo de negocio. Hago ropa que tiene un estilo industrial, pero se produce con máquinas a las que tengo acceso”, dice la diseñadora.

Camisas colgadas en perchas a lo largo de un tubo metálico en blanco crudo, en degradé del blanco al azul marino; la camisa blanca más cerca de la cámara, dejando ver una etiqueta de fondo beige con la marca “Comas - São Paulo” escrita en negro. Al fondo, una pared blanca.

Camisas masculinas descartadas por las fábricas se transforman en blusas, vestidos y faldas femeninas (Zé Gabriel​​/​ ​Believe.Earth)

CUANDO LO IMPROBABLE FUNCIONA
Aun teniendo la credencial de haber trabajado con muchas marcas importantes en el mercado de la moda, Agustina todavía se enfrenta a barreras en el momento de obtener materia prima para Comas. “Estoy intentando dialogar con dos proveedores que no entienden la propuesta. Como el proceso es nuevo, no hay una cadena de suministro consolidada – nosotros la creamos”.

Para mantener la empresa en pie, la diseñadora desarrolla trabajos paralelos como coordinadora de capacitación en el instituto Renner y consultora de la Asociación Brasileña de Empresas de Componentes para Cuero, Calzados y Manufactura (Assintecal). Ella acostumbra decir, mitad en serio, medio en broma, que la ignorancia en lo referente a la administración la llevó a crear una empresa. “Cualquier persona que entiende de plan de negocios no lo habría hecho nunca”, dice Agustina, que está ayudando a transformar lo improbable en viable. Es inspirador.