El economista Boris Gamarra, de 29 años, es el primero de la familia que obtuvo un diploma en educación superior. Se formó en la principal universidad pública del Perú, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en una clase de 60 estudiantes. Más del 80% de mis compañeros pertenecían a los niveles socioeconómicos D y E, como yo. Éramos también los únicos entre nuestros parientes en ir a la universidad”, cuenta Boris, quien creció en el asentamiento Buenos Aires de Villa, en el distrito de Chorrillos, un barrio en la periferia de Lima, que hasta 2010 fue dominado por pandillas.

La cruda realidad que enfrentaban no era el único vínculo entre ellos. El deseo de estudiar economía para acabar con la pobreza en el país, era un propósito en común. Para algunos, la gran motivación se presentó solo como un sueño adolescente. Para Boris, se convirtió en una empresa social, Recidar. Fundada en 2015 la compañía recoge ropa y objetos en desuso de empresas y familias, para venderlos a bajo precio a quienes no pueden comprar en las tiendas.

En el lado izquierdo de la foto, una mujer joven agachada mira y coloca unos peluches en la balda inferior de una estantería de metal llena de otros peluches y muñecas. Ella tiene el pelo oscuro, liso y largo, recogido en una coleta. Viste pantalón negro, camiseta blanca, y lleva una faja negra alrededor de la cintura. Al fondo, más estanterías, con ropa y otros objetos bajo un techo de paja y madera. El suelo es marrón.

La ropa es el producto más vendido en Recidar. En segundo lugar, los adornos y objetos de decoración (Audrey Córdova / Believe.Earth)

“Los mercados de productos de segunda mano en Lima, tienden a ser informales e insalubres. Pero el mayor problema es que muchos comercializan objetos robados. Cuando alguien compra en esos lugares, alimenta sin saberlo un círculo de violencia”, afirma Boris. “Nuestros clientes no se dan cuenta, pero estamos trabajando también contra la delincuencia”.

RECIBIR Y RECICLAR
Antes de crear Recidar, Boris juntó experiencia en proyectos de sostenibilidad. Cuando era estudiante universitario organizó con amigos campañas de recolección de donaciones para entregar a personas pobres. Después trabajó en una ONG ligada al reciclaje. “En Lima, solo el 4% de los residuos sólidos son reutilizados”, dice.

El economista era uno de los responsables de orientar a las empresas sobre la separación correcta de la basura, y por recoger el material. “Un tío me prestaba un camión, hacíamos la recolección de los reciclables y los vendíamos. Con el dinero hicimos 20 campañas de donación de ropa y libros a nivel nacional”, afirma. La visita a las empresas también resultaba en donaciones de objetos en desuso. En ese momento, Boris no vendía los artículos usados – las personas que los necesitaban podían tomarlos sin pagar.

Un escaparate con tres baldas de cristal repletas de objetos diversos, decorativos: marcos de fotos, cajitas y baúles, muñecas, lámparas…

La mayoría de los clientes son madres jefas de familia. De 100 que van a la tienda, 60 compran – el resto solo va a mirar (Audrey Córdova / Believe.Earth)

SUEÑO DE CAMBIO
Con la iniciativa de recoger donaciones y dárselas a personas pobres, en 2014, Boris ganó un concurso del Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Pacífico, en Lima. El premio era tener asesoría para convertir el proyecto en una empresa social de impacto.

“Hicimos un análisis financiero de mi operación y vimos que no daba ninguna utilidad. Por lo tanto, reposicionamos la actividad. “Fue allí que me metieron el chip de la sostenibilidad, la escalabilidad y la replicabilidad”, dice. En diciembre del mismo año, el economista fue expositor en la Cumbre de Cambio Climático (COP 20), en Lima. Gracias a este nuevo modelo de negocio, Recidar ganó el concurso de incubación empresarial de la Universidad del Pacífico, con dos años de duración. “Esa etapa me abrió otras puertas. Nuestra red de contactos creció”, afirma.

Un hombre joven con las manos en el teclado de un computador portátil negro sobre una mesa gris rectangular, girado diagonalmente hacia el fondo de la imagen. Tiene el pelo oscuro, corto, barba corta, y lleva una chaqueta negra con capucha gris sobre una camiseta naranja de cuello verde. A continuación hay otra mesa rectangular gris, colocada perpendicularmente con respecto a la anterior, y después un hombre y una mujer desenfocados, conversando. Él está sentado en una butaca marrón con reposabrazos negro y ella sobre un sofá negro de cuero. Alrededor, las paredes de la sala, compuestas por paneles de madera. En la pared del fondo, de frente, hay un pizarra blanca colgada, llena de cosas escritas.

El local de Recidar de 700 metros cuadrados, es alquilado. El mobiliario, de segunda mano, fue todo donado por empresas (Audrey Córdova / Believe.Earth)

En 2015, otro concurso global lo llevó al Incae Business, en Nicaragua, donde conoció a otros emprendedores sociales. La visibilidad le dio vínculos que él dice son valiosos,  como Joaquín Leguía, director de la ONG peruana Asociación para la Niñez y el Medio Ambiente (Ania): “Tengo la suerte de poder recurrir a él para consultarle dudas, o pedirle ayuda. Leguía es es mi mayor referente actual”, dice. Mi figura paterna fue nula, porque mi madre fue madre soltera, había apoyo económico, pero no tuve el padre que da consejos sino el que engaña”. Pero el apoyo más grande está en la casa: es Liseth, su esposa. “Ella es la que cree en mí”, resume.

PASIÓN COMPARTIDA
Luis Miguel Pazos es socio de Recidar y gerente de marketing e innovación. Con Boris comparten el convencimiento de que pueden cambiar vidas. Ahora, quieren persuadir a otros diez funcionarios a involucrarse en la causa y, principalmente, desarrollar otras acciones que ayuden a mejorar otras comunidades donde viven sus clientes, la mayor parte formada por público femenino.

“Los principales desafíos de esas mujeres es lograr comer todos los días y encontrar una forma de no ser golpeadas por el marido”, dice Boris. El tema ambiental queda en segundo plano en esa situación. Por eso, acostumbramos a decir que les damos acceso a los productos, pero todavía no hacemos nada que rompa el círculo de la pobreza y empodere a las mujeres”.

El mismo hombre de la foto de portada, en el lado derecho de la foto, con su brazo derecho sobre el hombro de otro hombre, a su lado. Ambos miran a la cámara, sonriendo. Tienen la piel morena, pelo oscuro, corto, liso, y visten camisetas de manga corta naranja con cuello y borde de las mangas en verde, con el logo “Recidar” en el centro, en letras negras, a la altura del pecho. El hombre de la izquierda tiene una barba y bigote cortos. A sus lados y hacia el fondo, estructuras de almacenamiento y el cielo nublado.

Boris (a la derecha) y Luis Miguel Pazos, socio de Recidar y gerente de innovación (Audrey Córdova / Believe.Earth)

Más de 30.000 familias ya donaron objetos a Recidar y 30 empresas colaboran en el negocio. “Tratamos de que las personas no se sientan beneficiarias, porque no buscamos asistencialismo”, afirma Luis Miguel, que concluyó recientemente una maestría en innovación social en el Amani Institute, en África.

“Todos nuestros vendedores usan uniformes y los guiamos para que sean atentos y cuiden la apariencia. Tenemos un protocolo de atención y buscamos dejar la tienda siempre bonita y en orden, porque queremos vender dignidad – y eso empieza por la forma en cómo presentamos los productos y por la propia experiencia de compra”.

Boris y Luis Miguel quieren inspirar a más jóvenes a seguir el camino del emprendimiento social o a actuar como agentes de cambio en las empresas donde trabajan, en el barrio donde viven. “Así podemos construir el país que soñamos y nos merecemos y ser el cambio que uno quiere ver en el mundo”, dice Luis Miguel.