Charles Batte tuvo una idea visionaria hace diez años, a los 19 años de edad: incentivar a las personas a plantar árboles en una comunidad rural donde su familia mantenía un pedazo de tierra. Nacido en Kampala, capital de Uganda, Charles siempre iba a la aldea de Katiiti, ubicada a 37 kilómetros al oeste de su ciudad natal, para ayudar en la plantación de alimentos y en el sustento de su numerosa familia de 15 miembros – tiene ocho hermanos biológicos y cinco hermanos adoptados por los padres. Con los años, Charles vio que la tierra se empobrecía en la cosecha. El suelo no daba lo suficiente, la productividad ya no era la misma.

Sin árboles, el paisaje también había cambiado. En época de lluvias, las tormentas y fuertes vientos arrastraron lo poco que quedaba de los cultivos de los Batte. “Eso me despertó la idea de estudiar más sobre las ciencias de la tierra y comprender cómo se sustentan los paisajes naturales, cómo los seres humanos interactúan e interfieren en la naturaleza”, dijo a Believe.Earth, durante el Global Landscapes Forum (GLF), celebrado en Alemania, en el que estuvo para hablar de su experiencia acerca de la conservación, del trabajo con pequeñas familias agricultoras en Uganda y de la importancia de la participación de los jóvenes en el desarrollo sostenible.

En una zona con mucho verde, una mujer negra, pelo atado, con camisa amarilla y falda larga color crema, sostiene un bebé negro en su brazo izquierdo y apoya la mano derecha en la espalda de un niño negro, que parece tener, más o menos, 7 años. Ella y el niño miran a la cámara.

Nassanga, de 21 años, madre soltera y productora rural, tiene dos hijos y es una de las beneficiarias de los programas de Tree Adoption Uganda (James Wooley/Tree Adoption Uganda)

Después de descubrir la agroforestería, que une el cultivo alimentos y la conservación de árboles en el mismo pedazo de tierra, Charles llevó el conocimiento a los líderes de la comunidad. “Mi idea era inspirar a los agricultores para evitar la erosión y mejorar la productividad”, afirma. “Y el objetivo era hacer que la experiencia fuese colaborativa”.

No hubo ninguna resistencia en Katiiti. El grupo de menos de 10 agricultores adoptó el sistema agroforestal y creyó en la iniciativa, que, más adelante, se establecería formalmente como la ONG Tree Adoption Uganda (Adopción de Árboles Uganda, en traducción libre). Hoy, diez años después de la reunión inicial, la organización estima que ya ha promovido la siembra de más de 70.000 árboles en cientos de pueblos de Uganda, con la ayuda de los residentes, estudiantes locales y voluntarios de países como Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Venezuela y Colombia. “Entramos en contacto con pequeños agricultores de diferentes comunidades, escuchamos sugerencias de cómo quieren mejorar su producción y su vida, damos capacitación, hablamos de las ventajas de plantar árboles y asociarlos al cultivo”, cuenta Charles.

Tree Adoption también fomenta el uso de especies nativas que provean más que madera para las casas: como el nim o neem (Azadirachta indica), con hojas, frutos, semillas, cáscara y madera con aplicaciones que van desde abono hasta repelente contra insectos, incluyendo el mosquito transmisor de la malaria. El árbol, resistente a la sequía y con una copa densa de hasta 20 metros de altura, mejora la fertilidad del suelo y ayuda a recuperar las tierras degradadas. Otro ejemplo es la Calliandra, que fija el nitrógeno en la tierra y sus ramas se pueden utilizar para alimentar al ganado. “Estos son pequeños incentivos para que los productores se sientan atraídos a tener árboles en sus propiedades”, afirma el creador de la ONG.

Charles tiene un pequeño equipo de funcionarios. Son cinco miembros que trabajan en el abordaje de productores rurales, capacitación agroforestal y actividades educativas en las escuelas. Entre ellos está Ritah Mahoro, de 24 años de edad, exbeneficiaria del proyecto. “Pronto comencé a participar en la sensibilización sobre la importancia de preservar los árboles y cuidar de la naturaleza”, dice ella. “Fue lo que siempre he querido hacer, ayudar a mi comunidad”.

El grupo cuenta con el apoyo de 60 voluntarios que actúan como multiplicadores. “Los llamamos champions (campeones), porque nos ayudan a difundir nuestra causa y a unir a los residentes para nuestras actividades”, dice Charles.

FUERZA JOVEN
Además de mejorar la productividad en el campo y restaurar el paisaje degradado, la ONG quiere sensibilizar a los jóvenes con la causa. Más de 5.500 jóvenes y adolescentes ya participaron en sesiones de capacitación. “Hacemos capacitaciones relacionadas a los sistemas agroforestales y a la creación de microempresas y negocios rurales”, dice Charles. El enfoque en ese público es necesario: a pesar de la agricultura ser el principal sector productivo de Uganda, absorbiendo el 66% de la fuerza de trabajo, según una investigación del Instituto Brookings, hay un tema preocupante: “Los jóvenes que crecieron en zonas rurales consideran que las oportunidades están en las ciudades”, afirma Charles. “Muchos dejan atrás su pueblo en busca de trabajo”.

En las ciudades, el reto es encontrar una ocupación. En 2013, los jóvenes de entre 15 y 24 años en el África Subsahariana eran dos veces más propensos a ser desempleados en comparación con la población de la misma franja etaria en otras partes del mundo, según el estudio de Brookings. Entre los residentes de Uganda de 18 a 30 años, la tasa de desempleo alcanzó el 64% en 2012. Menos del 5% de aquellos que deciden continuar en el campo pueden vivir de trabajos con  sueldo, ya que la mayoría tiene trabajos informales. En las ciudades, los datos muestran que el 95% de los jóvenes tenía trabajos informales en 2011.

Uganda tiene la población más joven del mundo: 78% tiene menos de 30 años, según información del Gobierno. “Si logramos convencer a los jóvenes de las zonas rurales y hacer que entiendan que pueden producir alimentos de manera sostenible, ser autónomos, sacar para subsistir y generar ingresos para la familia, seremos capaces de reducir las tasas de desempleo”, afirma Charles.

Recientemente, la ONG comenzó a mapear por GPS los miles de árboles que ya fueron plantados por incentivo del proyecto. Hasta 2017, el grupo ya había logrado relevar la ubicación de unos mil de ellos. Con las coordenadas en mano, Charles y su equipo crearon una manera de motivar a personas y empresas a adoptar un árbol. Los interesados pagan un único valor de 1 dólar o 1,5  por árbol que deseen patrocinar y reciben la información del GPS y del agricultor responsable. Es una manera de generar ingresos para los productores locales que apoyan la causa. “También entramos en contacto con compañías para ver si quieren adoptar árboles como una forma de compensar sus emisiones de carbono y así ayudar a la sobrevivencia de los pequeños agricultores”, dice Charles. La organización ya está presente en plataformas internacionales, como esta aquí, para dar a conocer la idea.

SEMBRADOR DE CAMBIOS
Charles Batte colecciona premios y reconocimientos internacionales. En 2012, obtuvo el reconocimiento como World Merit Global Ambassador for Social Entrepreneurship y recorrió 20 países para trabajar con jóvenes. Al año siguiente, fue nombrado como Global Laureate Fellow por la organización International Youth Foundation, que apoya programas de emprendedorismo social. A principios de este año, Tree Adoption Uganda recibió el premio Energy Globe World Awards 2017. “Hay un movimiento de cambio social en marcha en todo el mundo”, dice Charles. “Los jóvenes decidieron que van a trabajar cada día en sus comunidades para hacer lo mejor. He hablado con gente de las nuevas generaciones que optaron por la producción rural en vez de migrar a las ciudades. Hay en curso un cambio positivo”.

Y este cambio viene inspirando a un montón de gente. Empezando por los que conviven con Charles. “Él es el tipo de persona que cree que proyectos pequeños pueden transformar toda una comunidad”, dice Ritah. “Él es un changemaker”.

Um homem negro, vestido com um terno e camisa branca, segura um microfone na mão direita enquanto fala e gesticula com a esquerda. Ao seu lado direito, está uma mulher negra, com lenço colorido na cabeça com a mesma estampa do vestido que ela usa com um casaquinho preto, apoiada com o cotovelo esquerdo em uma mesinha redonda alta, à frente deles. Ambos estão de pé, em um palco, olhando para a frente.

Charles Batte con la activista (Hindou Oumarou Ibrahim), de Chad, en el Global Landscape Forum, que sucedió en Bonn, Alemania, en diciembre de 2017(Pilar Valbuena/GLF/Flickr)