Cuando los empresarios Arthur dos Reis y João Martins abrieron el Josephyna’s Café, en 2016, en Porto Alegre, ya habían decidido que reducirían al máximo el uso de plásticos descartables en el establecimiento. Pero no fue fácil encontrar proveedores de embalajes alternativos en la región. “Actualmente, usamos un vaso biodegradable, fabricado en São Paulo, solo para quien compra café para llevar”, afirma Arthur. “Para aquellos que consumen aquí tenemos recipientes de vidrio”.

Las tapas todavía son de plástico, porque no hay otro tipo apropiado en el mercado. “Por lo tanto, pedimos a nuestros clientes que las utilicen solo si es absolutamente necesario”, dice Arthur. “En ese caso, enseñamos cómo descartarlas correctamente”.

Recientemente, el dúo también abolió las pajillas de plástico. La opción más sostenible, de papel, cuesta 15 veces más. “Comprábamos 3.000 pajillas por 80 reales”, cuenta João. “Ahora, son 800 reales (unos 200 dólares) por 2.000 unidades”. Y se entregan solo si la piden, para no fomentar el consumo. Ahora, los socios planean ofrecer descuentos a quienes participen en esta causa, así como a los que lleven sus propios vasos.

Iniciativas como estas son fundamentales para ayudar a revivir los mares, ya que más del 80% de la basura que contamina las aguas son plásticos. Productos de uso único conforman alrededor del 70% de este total, según la Comisión Europea, al frente de las acciones para la erradicación de las bolsas de plástico en la Unión Europea, en 2015, y que ahora propone prohibir el mercado de cubiertos, vasos desechables y pajillas.

“Alcanzar a todos implica un cambio en la cultura de las empresas, porque, cuando el cambio de mentalidad viene de adentro hacia fuera de la organización, la gente tiene el mismo objetivo común”, dice Daniela Horta, profesora de Uniritter y coordinadora del hub de innovación Mosaico, en el Gran Porto Alegre. “Cuando hablamos de generar valor social, nos referimos a construir otra manera de mirar”.

Para el profesor del Instituto Federal de Río Grande do Sul (IFRS) y miembro del Grupo de Investigación en Sostenibilidad e Innovación de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), Nilo Barcelos, las empresas necesitan rescatar su misión y repensar su rol social sin abandonar el propósito. “Adoptar actitudes sostenibles, incluso si significa disminuir la ganancia inicialmente, puede, incluso, convertirse en publicidad para la compañía”, afirma. “Mientras más empresas adopten buenas prácticas, habrá un punto de inflexión en la curva de crecimiento. La disminución del valor de los productos volverá mucho más ventajoso ser sostenible que no serlo”.

Los mismos vasos de la imagen anterior están apilados en cuatro filas, cada fila con distinto número de vasos, dando alturas diferentes para cada torre. Las vasos está hacia abajo en una mesa de madera y, al frente, hay una copa y un vaso diferente, transparente y cristalino. A la izquierda en la imagen, hay una botella oscura con una etiqueta y letras blancas impresas con las palabras “Old Boy”. También hay algunas carpetas coloridas colocadas arriba de la mesa. El fondo está desenfocado, pero hay árboles en un espacio abierto.

Vasos reutilizables en la feria, Me Gusta, en Porto Alegre (Laura Barros/Believe.Earth)

LA LEY Y EL EJEMPLO
En la ciudad de Río de Janeiro, la ofensiva contra las pajillas de plástico cobró fuerza con la ley que establece multas a bares, restaurantes y puestos ambulantes que ofrecen estos utensilios. El municipio de Cotia, en São Paulo, también restringió el uso de pajillas biodegradables o reciclables.

En Rio Grande do Sul, Santa María es la primera ciudad en el estado en prohibir el uso de pajillas desechables en bares, cafeterías, restaurantes y hoteles. La ley fue sancionada en septiembre y el municipio tendrá 180 días para adaptarse a la nueva norma, que determina el suministro de pajillas de papel biodegradable y herméticamente embaladas con un material similar, plausible de multa para los infractores. “En breve, debemos de ingresar una solicitud en la Cámara Municipal para la ampliación del proyecto, que abarca la prohibición de vasos desechables, envoltorio de cubiertos y palillos de dientes, además de otros materiales, o acciones para la correcta destinación de esos descartes, como ya se ha hecho con el aceite de cocina”, afirma João Carlos Provensi, presidente del Sindicato de los Hoteles, Restaurantes, Bares y Similares de Santa María (SHRBS).

Dos personas están bebiendo líquidos en tazas. A la izquierda, hay una mujer pelirroja con cabello rizado, que usa chaqueta púrpura y pantalones vaqueros, de pie. Ella sostiene una taza roja cerca de la boca, que cubre parte de su cara. Junto a ella, hay un joven de perfil, sentado, cabello oscuro, y ojos oscuros. Bebe un líquido oscuro en una taza naranja transparente. Están en un lugar abierto, con árboles y césped.

Asistentes de la Feria Me Gusta llevan vasos y tazas de su casa para evitar el uso de envases de plástico (Laura Barros/Believe.Earth)

Incluso sin el respaldo de la legislación, Porto Alegre tiene otros buenos ejemplos de personas que, como Arthur y João, del Josephyna’s Café, inspiran a otros a abrazar la causa. Es solo caminar por la feria cultural Me Gusta, que ocurre mensualmente desde 2014, para ver frecuentadores con vasos de vidrio propios. Allí, se puede también comprar tazas reutilizables – al costo de 5 reales (1,25 dólares) – o alquilarlas.

Pamela Morrison, creadora de la feria, dice que la adopción de recipientes retornables permitió la reducción de la producción de basura. La mayoría de los asiduos adopta la iniciativa. Como la estudiante Amanda Dietrich, 22 años. “Los vasos retornables duran más, pueden ser llevados a casa y traídos nuevamente aquí y, sobre todo, es bueno para el medio ambiente”, afirma.

Ya el barman Leonardo Fusari, 23, ha optado por devolver el utensilio al final del evento. “Tengo varios en casa”, cuenta. “Y me concienticé de que, si no recuerdo llevarlo a la próxima feria, es mejor devolverlo al final”. La producción de los vasos comercializados en Me Gusta es tercerizada, y el evento recibe 1 real por unidad vendida.