A veinte 20 minutos de Barcelona, en una región de valles, está Fab Lab. Es un laboratorio para proyectos de sostenibilidad utilizados por los estudiantes de la Universidad de Barcelona, entre ellos Guillaume Teyssié, de 29 años y Loic Le Goueff, de 27. Fue allí que los dos tuvieron la idea de fundar Aquapioneers, una empresa que fabrica equipos para la práctica de aquaponia, un sistema de cultivo de peces y plantas que no usa tierra y genera un ahorro del 90% del agua utilizada en comparación con los cultivos tradicionales.

El equipamiento es una estructura de madera que alberga un acuario y, sobre el mismo, un espacio para cultivar hortalizas. El funcionamiento es una asociación: lo desechos de los peces sirven como abono para plantas, y los vegetales ayudan en la limpieza y oxigenación del agua, formando un ciclo autosostenible.

El proceso no admite el uso de pesticidas y otros químicos, que matarían a los peces. “La salud del ecosistema en el acuario sirve como indicador de la calidad del agua que nutre el cultivo”, dice Guillaume, agregando que, con la oferta siempre ideal de agua y alimentos, las plantas crecen en la mitad del tiempo en relación con el modo tradicional. El kit, después de todo, ocupa poco espacio y es económico. La estructura tiene menos de 1 metro cuadrado de superficie y el gasto total de electricidad es de 4 euros al mes, equivalente a 15 reales, en promedio.

LA OPORTUNIDAD DE CAMBIAR
Loic y Guillaume recorrían caminos parecidos en la ingeniería ambiental cuando se conocieron en Fab Lab a principios de 2016. No tardó mucho para que pasaran de ser colegas a socios. Así que, cuando Loic supo que Guillaume estaba montando un sistema de acuaponía en pequeña escala, se ofreció a cuidar de la parte biológica, como la temperatura del agua, la cantidad de oxígeno, el tamaño de los peces para cada tipo de cultivo. Durante los años en que estudió ingeniería ambiental en Israel, Loic participó en varios proyectos de sostenibilidad, incluyendo iniciativas que involucraban el uso de acuaponía. “Cuando me uní al trabajo de Guillaume, fue como activar una memoria adormecida, ver un plan cumplirse: ayudar a las personas a conectarse con la naturaleza, con lo que comen”, cuenta Loic.

Guillaume dejó un empleo estable como ingeniero en Francia hace dos años y se mudó a Barcelona para completar una Maestría en Energías Renovables y “tener la oportunidad de causar impacto real y positivo en la vida de las personas”, dice. Además de la resistencia de la familia al cambio, se enfrentó a una nueva realidad que incluía ajustar los gastos de un, hasta entonces profesional exitoso, a los de un joven emprendedor sin fuente de ingresos. Guillaume se organizó para vivir con 600 euros al mes (el equivalente a 2400 reales), para poder invertir lo que ganaría en los primeros meses de Aquapioneers.

Los mismos chicos de la foto de portada están de perfil hacia el lado izquierdo de la foto, frente a una planta de tomates, en un invernadero. El que está más cerca de la cámara tiene pelo corto oscuro ligeramente rizado y perilla, lleva camiseta blanca, y está tocando la planta. A su lado, el más alejado, tiene pelo rubio corto con flequillo hacia la derecha, barba corta, usa gafas de montura de metal con lentes rectangulares y tiene su mano izquierda en su nariz, mientras que la derecha se apoya en la base de la planta de tomate.

Los fundadores de Aquapioneers cosechan frutas, verduras y hortalizas como parte de la tarea de medición de los experimentos (Germano de Sousa / Believe.Earth)

Para presentar a Aquapioneers, en junio del año pasado, una vez que el proyecto piloto estaba listo, los dos comenzaron a golpear las puertas de empresas que apoyan causas sostenibles.

La compañía de gestión de energía Schneider Electric fue una de las que que adoptó el kit, instalando el equipo en la sala que tienen en común los empleados. “Todo el mundo que trabaja en este edificio pasa por aquí en algún momento del día”, afirma David Castillo, gestor de proyectos de Schneider. “Aprovechamos para hacer acciones de integración: dividimos las tareas de mantenimiento del trabajo y luego tomamos juntos un té de menta”.

A mayor escala, el sistema de acuaponía viene siendo probado por Aquapioneers en el jardín de Fab Lab. Allí, entre cultivos de tomates, menta, romero, lechuga y citronela, ellos hacen experimentos para mejorar la documentación sobre la técnica. Uno de los próximos planes es llevar la idea a restaurantes de Barcelona que tengan algún espacio para un jardín acuático vertical, así además de tener acceso a ensaladas fresquitas, el cliente pueda cosechar la menta de su propio mojito.

MODELO REPLICABLE
Cuando Aquapioneers aún no había cumplido un año y la inversión personal de Guillaume y Loic ya habían superado los 10.000 euros, lanzaron una campaña de crowdfunding con resultados alentadores. La meta de 15.000 euros (unos 60.000 reales) fue superada, llegando al 200%, y, en dos meses de divulgación entre amigos, empresas y redes sociales, la recaudación llegó a 30.000 euros (en promedio, 120 mil reales).

Entre las recompensas a los inversores de la campaña hay kits con pronta entrega en Barcelona y áreas próximas y la documentación completa libre de patente, para permitir la reproducción y adaptación por los usuarios. “Vamos a enviar el material a quienes nos apoyan. En la segunda fase, que debe comenzar a finales de noviembre, publicaremos online de forma gratuita los manuales de montaje y uso, para ser descargados en cualquier país”, dice Loic.

Para fabricarlo en casa se estima que el gasto es de 200 euros, incluida la compra de material y la impresión de las partes del sistema en Fab Labs público, como los que existen en São Paulo, Río de Janeiro, Alicante, Sevilla, Madrid.